La filosofía clásica ante la blasfemia

Puesto que el tema de la blasfemia o de las ofensas religiosas sigue estando de actualidad, conviene recordar lo que decía el filósofo Salustio (siglo V) en su texto «Sobre los dioses y el mundo», capítulos XIV y XV, muy inspirado en Jámblico:

«El Dios no conoce el placer -pues lo que conoce el placer también conoce el dolor-, ni conoce la cólera -pues la cólera es también una pasión-, ni se le concilia con dones -pues por el placer se vería dominado-, ni es lícito que lo divino se vea afectado para bien o para mal por los asuntos humanos. Por el contrario, son buenos eternamente y solo hacen el bien, no causan el mal nunca, pues están siempre en el mismo estado.

Nosotros, si somos buenos, por semejanza con los Dioses entramos en comunión con ellos, pero, si somos malos, por desemejanza nos alejamos. […]

Con estas consideraciones queda resuelta a la vez la cuestión relativa a los sacrificios y demás honores tributados a los dioses. Lo divino, en efecto, no tiene carencias, y los honores se realizan para nuestro propio provecho«.

Y en el capítulo XVIII:

«En verdad la existencia del ateísmo en algunas regiones de la tierra y su posible existencia con frecuencia en el futuro no merece la pena que turbe a las personas sensatas. Tanto porque ello no afecta a los Dioses, al igual que también los honores se han revelado inútiles para ellos […]. Por otra parte, no es inverosímil que el ateísmo sea una forma de castigo«…

El planteamiento de Salustio queda claro:

1-Lo que hagan los hombres para bien o para mal en su actitud respecto a los Dioses (ya sea adoración o blasfemia) no puede afectar a lo divino, que es inmutable e inmune a las acciones humanas.

2-Por lo tanto, el único beneficiado o perjudicado por los actos de adoración o blasfemia es el propio individuo.

3-La deducción lógica sería que la blasfemia nunca puede considerarse como una ofensa a los Dioses, sino como un acto individual lesivo para el individuo en el peor de los casos.

Me ha parecido un punto de vista interesante, porque reduce estos temas a la esfera humana. Si no se puede ofender ni dar placer a los Dioses por ser inmutables, ese posible delito solo lo sería para los hombres. Pierde por lo tanto su sacralidad y queda reducido a un juego de sensibilidades distintas.

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